Una amenaza silenciosa: enfermedades de animales domésticos acorralan al gato colocolo en Chile

Enigmático y esquivo, el gato colocolo enfrenta un escenario cada vez más adverso por la pérdida de hábitat, los ataques de perros y la creciente presión humana sobre su territorio en Chile central. Aunque la evidencia es incipiente, se han detectado ejemplares con leucemia felina y bacterias resistentes a antibióticos, lo que sugiere contagios desde animales domésticos, como ya ocurre con otros félidos silvestres en Chile. Los expertos advierten que restringir el libre deambular de perros y gatos domésticos, junto con la esterilización y un adecuado manejo sanitario de las mascotas, son medidas fundamentales para reducir la transmisión de enfermedades a la fauna silvestre. A esto se suma un debate clave: la ciencia aún no resuelve si el gato colocolo corresponde a una o cinco especies, una definición que podría cambiar drásticamente su estado de conservación. Investigadores sugieren que el colocolo de Chile central estaría en peligro de extinción.

Era un día soleado ese 10 de octubre de 2025 en la precordillera de San Fernando, Región de O’Higgins, en la zona central de Chile. En el patio de una casa, una criatura gris con franjas canela yacía inmóvil sobre el césped. Era una hembra juvenil de gato colocolo (Leopardus colocola) que, pese a ser un felino silvestre, no mostró la fiereza propia de un animal salvaje. Alarmados, los moradores llamaron al Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), cuyos funcionarios la retiraron y la trasladaron a la ciudad de Rancagua para estabilizarla, y luego la llevaron a un centro de rehabilitación en Santiago. Presentaba secreciones nasales, dificultad respiratoria y un absceso en el cuello, presumiblemente causado por el ataque de un perro.

Cuando ingresó al centro su estado ya era crítico. Los exámenes encendieron las alarmas: no solo tenía una infección, sino también bacterias resistentes a antibióticos. Pese a los esfuerzos, la pequeña felina murió.

La hembra juvenil de gato colocolo fue hallada en octubre de 2025, en el patio de una casa en la precordillera de San Fernando. Presentaba una infección bacteriana severa y murió pese a los esfuerzos de rehabilitación. Foto: Diego Ramírez Álvarez.

Su historia podría ser la punta del iceberg de una amenaza emergente que se cierne sobre el gato colocolo, un carnívoro solitario y elusivo que no sólo enfrenta un cóctel de peligros, sino también un profundo vacío de conocimiento científico, al punto de que persisten incertidumbres sobre su clasificación como especie y su estado de conservación actual.

“Siendo el gato colocolo una especie escasa y, si consideramos su nueva propuesta como una especie endémica [de Chile], cualquier alteración de origen antrópico que intervenga su estatus sanitario en ambientes silvestres puede repercutir drásticamente en la disminución de sus poblaciones, acercando su estado de conservación cada vez más hacia la extinción”, advierte Diego Ramírez-Álvarez, especialista en manejo y conservación de la biodiversidad, Máster en gestión y conservación de la biodiversidad, y especialista en Carnívoros Nativos del Guiña Working Group, otro pequeño y enigmático gato salvaje que vive en el sur del continente americano.

Las enfermedades en la fauna nativa, destaca Ramírez, “se están presentando con mayor frecuencia en los últimos años, debido al aumento de mascotas de libre deambular en territorios silvestres, al acortamiento de la interfaz humano-silvestre y a una pésima tenencia responsable de mascotas”.

El problema es que, si la información general sobre el gato colocolo es limitada, aún más escaso es el conocimiento sobre las patologías que lo afectan.

Los análisis realizados a la gata colocolo encontrada en San Fernando detectaron bacterias resistentes a antibióticos, una situación que preocupa a los especialistas por la exposición a bacterias propias de entornos humanos y de animales domésticos, que no deberían circular en áreas silvestres saludables. Foto: Diego Ramírez Álvarez.

“El gato más interesante del mundo”

El colocolo de la zona centro-norte de Chile es un felino pequeño, más robusto que el gato doméstico, pero que no supera los 4 kilogramos. Se distribuye desde Paposo, en la región de Antofagasta, hasta la laguna del Laja, en Biobío. “Es como un tigre pequeñito con sus rayitas naranjas intensas, pero en vez de negro es plomo”, describe Carlos Castro-Pastene, médico veterinario y miembro del ColoColo Conservation Project.

El pelaje grisáceo con franjas café rojizas es uno de los rasgos más característicos del gato colocolo. Foto: Francisco Andreas Gómez

Fue en 1782 cuando el sacerdote y naturalista Juan Ignacio Molina describió por primera vez al gato colocolo en Santiago. No se sabe si es cierto, pero cuentan que el ejemplar fue cazado por perros y resistió el ataque con gran bravura, lo que habría inspirado su nombre en referencia al cacique mapuche Colo Colo. Aunque autores como John A. Wolffsohn creían que viene de la palabra kodkod en lengua mapudungún, mismo nombre que recibe la güiña, otro pequeño y esquivo felino que habita entre Chile y Argentina.

En esa época, Juan Ignacio Molina mencionó al gato como “il Colocolo”, pero utilizó el nombre científico Felis colocola (con “a” final), lo que abrió el debate sobre si corresponde a la denominación original o a un error tipográfico. Además, en el pasado fue confundido con otras especies de Sudamérica, como el gato andino, e incluso su nombre se asignó a un felino de Guyana. Hoy, aunque “colocolo” sigue en uso para su nombre científico, otros proponen recuperar el “colocola” original.

Pero los enredos no acaban ahí. En tiempos recientes, el gato colocolo, también denominado “gato de las pampas”, era considerado como una sola especie (Leopardus colocolo o L. colocola) con siete subespecies, siendo Leopardus colocola colocola endémica –única– de Chile. Según la información vigente, la especie vive en gran parte de Sudamérica, desde Ecuador hasta Patagonia, y fue clasificada como “Casi amenazada” en 2014 por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y en 2015 por el Ministerio del Medio Ambiente de Chile.

Sin embargo, en 2021 un estudio de Fabio Oliveira do Nascimento y colegas concluyó que son cinco especies monotípicas (sin subespecies). Así, se identificó a Leopardus colocola como la especie limitada a Chile central.

La clasificación del gato colocolo sigue siendo objeto de debate: algunos investigadores lo consideran una especie exclusiva de Chile, mientras otros lo reconocen como una subespecie. Foto: Rodrigo Verdugo

En resumen, el gato colocolo de la zona central es considerado por algunos como subespecie o especie, en ambos casos endémica del territorio chileno; pero, de reconocerse como especie, sería el único felino silvestre que habita exclusivamente en Chile.

Para Castro, el colocolo es “el gato más interesante del mundo”. “Para poder ver una especiación, es decir, cómo una especie se convierte en otra, tienen que pasar miles de años. Y eso está ocurriendo con el colocolo. Sea una especie o cinco, se está separando. Tenemos frente a nuestros ojos un proceso complejo y hermoso. Es como ver el Big Bang”.

Con todo, un eventual cambio en su clasificación tiene implicaciones directas en su estado de conservación: no es lo mismo una especie ampliamente distribuida en Sudamérica que una restringida a un solo país.

El problema es que el conocimiento sobre este gato de Chile central es escaso y la evaluación de su estado de conservación no se ha actualizado en más de una década. La UICN prevé reevaluarlo este año, en paralelo a la revisión de su clasificación taxonómica, para definir si se trata de una sola especie o de cinco distintas.

Un gato en apuros

El colocolo no sólo enfrenta incertidumbre respecto a su identidad, sino también respecto a su estado de conservación. Lo que se sabe es que la fragmentación de hábitat por la expansión urbana y agrícola, así como la caza, los atropellos y los ataques de perros son algunas de las amenazas que enfrenta. “Chile central, con su clima mediterráneo y bosque esclerófilo, es un paisaje hermoso para vivir, pero es la zona del país donde hay más población humana”, señala Natalia Huerta, directora general del ColoColo Conservation Project.

Castro añade que “las poblaciones originales estaban entre Valparaíso y Santiago, pero ese hábitat se destruyó y casi no tiene dónde habitar. Son poblaciones muy fragmentadas”.

Por lo mismo, considerando al Leopardus colocola como felino endémico de Chile, una investigación de César Chávez-Villavicencio y Elier Tabilo-Valdivieso, publicada en 2024, propone reclasificar su estado de conservación como “En Peligro”

Desde el ColoColo Project coinciden. “Nosotros sí consideramos que es otra especie”, sostiene Huerta, agregando que el reconocimiento como gato endémico “le ayudaría mucho para trabajar en estrategias para su conservación. Pasaría de ‘casi amenazado’ a ‘en peligro’ o ‘en peligro crítico de extinción’”.

Lo anterior se debe a que, en términos prácticos, una categoría de mayor riesgo podría fortalecer la prioridad de la especie en evaluaciones, planes de conservación y asignación de recursos destinados a su protección. 

Lo que no te mata te enferma

Cuando fue contactada para este reportaje en abril de 2026, Huerta ejercía como madre sustituta de gatos domésticos recién nacidos que fueron rescatados de un sector rural cercano a Rancagua. Las crías requieren leche de fórmula cada tres horas y provienen de un lugar con felinos abandonados y enfermos que cazaban fauna nativa. El equipo del ColoColo Project los trasladó a Santiago para tratarlos, esterilizarlos y darlos en adopción. “Lo hicimos por el gato colocolo y por el bienestar de estos felinos [domésticos] que no tenían culpa de la irresponsabilidad de sus tutores”, dice la médica veterinaria.

La presencia de animales domésticos en hábitats silvestres se ha vuelto una preocupación creciente. Las enfermedades infecciosas que transmiten animales domésticos, como perros y gatos, terminan siendo súper graves para los animales silvestres, porque ellos no están preparados para esto. Terminan enfermándose y no pudiendo ser tratados. Cuando son encontrados, son casos sumamente difíciles de tratar”, explica Claudio Ahumada-Sanhueza, médico veterinario de la Unidad de Rehabilitación de Fauna Silvestre de la Universidad de Andrés Bello (UFAS-UNAB) e integrante del ColoColo Project.

Esto ha pasado en múltiples especies como guanacos, huemules y zorros. “El caso en los zorros es dramático, un 10.3% de los zorros de Chile central están contagiados por sarna sarcóptica transmitida por perros, enfermedad que, por pérdida de habilidades, los lleva a la muerte por inanición”, lamenta Ramírez.

Como era de esperarse, este problema también se ha reportado en félidos silvestres del género Leopardus, con casos de leucemia felina e inmunodeficiencia felina transmitidas desde gatos domésticos. En Brasil, un estudio confirmó la presencia de leucemia en el gato de Geoffroy (Leopardus geoffroyi) y en el margay (Leopardus wiedii).

En Chile, un caso bien documentado es el de la güiña (Leopardus guigna). Las poblaciones del felino silvestre más pequeño de América han contraído leucemia felina, inmunodeficiencia felina y endoparásitos gastrointestinales y cardiorrespiratorios de gatos domésticos, y parvovirus de perros.

Una de las científicas que ha liderado estos estudios es Constanza Napolitano, profesora titular y directora del Laboratorio de Genética de la Conservación del Departamento de Ciencias Biológicas y Biodiversidad, de la Universidad de Los Lagos. 

“Dado que la evidencia de la presencia de estos tres virus de gran importancia epidemiológica la encontramos a través de todo el rango de distribución de la guiña en Chile (región de Coquimbo a Aysén), podemos afirmar que es un problema generalizado a través del país y bastante grave por su extensión y magnitud”, asevera Napolitano, quien también es excoordinadora y miembro del Guiña Working Group, así como coordinadora del Programa Global de Genética del Gato Andino de la Alianza Gato Andino.

Pese a que falta investigación sobre enfermedades en colocolos, al ser del mismo género de la guiña (Leopardus) y compartir características similares, Napolitano asegura que “es muy probable inferir que la evidencia encontrada en la guiña pueda extrapolarse también al caso del gato colocolo”

La expansión humana y el libre deambular de perros y gatos domésticos acercan cada vez más a las mascotas a los hábitats del gato colocolo, incrementando el riesgo de contagio de enfermedades. Foto: Paula Wolff

La experta detalla que, al habitar un área geográfica de alta ocupación y densidad humana, con creciente pérdida de hábitat y elevada densidad de perros y gatos domésticos, se incrementan las posibilidades de contacto con los animales domésticos y, por lo tanto, de transmisión de patógenos potencialmente letales. “Esta es sin duda una amenaza para el gato colocolo, aun cuando no haya sido evaluada formalmente en nuestro país”, asegura Napolitano.

De hecho, Ahumada de UFAS-UNAB trabajó en un estudio –en proceso de publicación– sobre gatos colocolo ingresados en centros de rehabilitación en Chile, registrando 22 casos entre 1994 y 2024. La principal causa corresponde a atropellos (seis casos), seguida de orfandad (cinco) y ataques de perros (cuatro). También se registraron dos casos asociados a enfermedades infecciosas, además de ingresos por desnutrición, cautiverio ilegal, incendios y un caso de causa indeterminada. 

Para Ahumada, “lo más importante es la presencia de leucemia viral felina en un ejemplar de colocolo, porque estaba descrita en güiñas pero no en gatos colocolo. Uno de los gatitos fue encontrado en la Región de Coquimbo, al lado de la calle. Al principio creíamos que lo habían atropellado, pero no tenía lesiones concordantes con atropello, sí con algún tipo de enfermedad infecciosa”. Los análisis confirmaron la presencia del virus, además de una infección por micoplasma (bacteria). El ejemplar presentaba ceguera total y un estado clínico severo. El equipo evaluó su bienestar, optando finalmente por la eutanasia.

Otro caso corresponde a la hembra juvenil encontrada en una casa de San Fernando, Región de O’Higgins, que llegó a UFAS con un absceso y una infección bacteriana aguda. Ramírez narra que “a los exámenes ejecutados podríamos presumir heridas previas por ataque de perros o gatos domésticos, que posteriormente se infectaron con bacterias patógenas que la llevaron finalmente a la muerte a pesar de los esfuerzos clínicos para su rehabilitación”.  

Pero eso no fue todo: los exámenes mostraron que la gata presentaba bacterias resistentes a antibióticos, como el metronidazol, la cefoxitina y la oxacilina. “El hecho de que los cultivos bacterianos provenientes de sus muestras hayan demostrado resistencia a ciertos antibióticos, nos demuestra que estuvo expuesta a cepas bacterianas seguramente de circulación en entornos humano-domésticos-mascotas, tratadas previamente con estos antibióticos, y que no constituyen cepas bacterianas que deberían circular en entornos silvestres saludables, sino que están siendo ingresadas a estos ambientes por vectores domésticos como las mascotas”, detalla Ramírez.

El SAG señala a Mongabay Latam que, aunque la transmisión de enfermedades entre animales domésticos y fauna silvestre es una preocupación relevante, no tienen evidencia de un aumento significativo a nivel nacional. 

Este organismo del Estado de Chile realiza el rescate, pero la rehabilitación y la información clínica quedan en manos de centros especializados. “Cuando se determina la presencia de enfermedades infecciosas, pero no un evento sanitario, existe principalmente una articulación con los centros de rescate y rehabilitación”, precisa la entidad. En términos generales, un evento sanitario implica un brote o situación de riesgo epidemiológico que requiere medidas de vigilancia y control por parte de la autoridad sanitaria; la presencia de casos individuales de enfermedad no necesariamente cumplen ese criterio. 

Reality de gatos

A través de cámaras trampa en la Reserva Nacional Altos de Lircay, ColoColo Conservation Project monitorea las andanzas de estos félidos. Como si se tratara de un reality show, siguen a Forastero, un macho juvenil observado desde cachorro; a otro ejemplar llamado Gigante, casi del porte de un zorro culpeo, que lleva siete años en pantalla; o a una hembra que un día apareció con una cría. A veces ven un colocolo herido y se preguntan, ¿qué pasó? “Hoy recogí las cámaras trampa y siempre tengo temor de si estarán o no”, reconoce Carlos Castro.

Además, ColoColo Conservation Project impulsa la educación ambiental en escuelas y espacios como el “ColoColo Camp”. También trabaja con comunidades reforzando gallineros para evitar ataques de felinos silvestres y entregan gallinas collonca, ave nativa de mayor valor económico. “Ayudamos a mejorar el gallinero a cambio de que no maten al gato colocolo”, cuenta Natalia Huerta. Incluso, en 2025 el equipo de fútbol Colo Colo usó un parche de este felino en su camiseta y subastó prendas para apoyar a la fundación.

A través del ColoColo Camp, estudiantes de distintas escuelas conocen el hogar del gato colocolo y aprenden sobre monitoreo con cámaras trampa, ciencia y conservación. Foto: Gentileza ColoColo Conservation Project.

A la par, la organización realiza campañas de esterilización y vacunación de perros y gatos domésticos, con el fin de reducir el contacto entre animales domésticos y fauna silvestre y, con ello, el riesgo de transmisión de enfermedades. 

La vacunación y esterilización de perros y gatos domésticos son parte de las estrategias impulsadas por ColoColo Conservation Project para reducir amenazas sobre el gato colocolo. Foto: Gentileza ColoColo Conservation Project.

Sin embargo, los especialistas advierten que estos esfuerzos no bastan sin cambios estructurales. Aunque la educación ambiental, la vacunación y la esterilización son fundamentales, el impacto de la tenencia irresponsable y de los animales domésticos que circulan por zonas naturales sigue siendo un problema persistente.

Una de las principales críticas apunta a la Ley 21.020 de tenencia responsable de mascotas o “Ley Cholito”, que sanciona el abandono y maltrato, y prohíbe el sacrificio de perros y gatos como método de control poblacional. Además, persisten brechas en fiscalización y sanciones. Huerta aclara que, en su opinión personal —que no representa al ColoColo Project—, en casos extremos debería considerarse la eutanasia de animales ferales, realizada exclusivamente por veterinarios y bajo criterios de bienestar animal, para evitar riesgos y prácticas crueles. 

De hecho, algunas iniciativas han reabierto el debate sobre control de perros, como la refundición de dos proyectos de ley (Boletín N.° 16.962-01 y el Boletín N.° 18.269-01) que buscan establecer como deber del Estado la protección de la fauna silvestre, y autorizar la captura y el control letal de perros asilvestrados o ferales en predios ganaderos.

Sin embargo, este tipo de medidas divide fuertemente a la sociedad chilena, con argumentos a favor y en contra.

Mientras los humanos se ponen de acuerdo, el colocolo resiste en un hábitat cada vez más reducido. 

Carlos Castro relata que “en la zona central de Chile se da mucho eso de salir a zorrear [cazar] con perros. Puedes ver 20 perros entre dos o tres personas y salen al cerro con todos esos perros. La presión que ejercen sobre el colocolo es demasiada porque matan, cazan y transmiten enfermedades y, para peor, los gatos domésticos también les transmiten enfermedades”. 

Por lo mismo, los especialistas coinciden en que –aunque falte evidencia – las enfermedades revisten un riesgo que no puede ignorarse, pues se suman a otras amenazas que ya afectan a poblaciones pequeñas y fragmentadas, dificultando aún más su conservación. 

“Si no se logra hacer un cambio en el enfoque, los colocolos se van a extinguir”, alerta Castro sobre el futuro de esta enigmática –y relegada– especie.

Pese a los incendios, las enfermedades, los ataques de perros y la constante presión humana, el gato colocolo sigue resistiendo. Para ColoColo Conservation Project, es un símbolo de resiliencia. “El gato sigue viviendo en condiciones súper difíciles. Hay que cuidarlo, hay que darle voz”, subraya Natalia Huerta. Foto: Francisco Andreas Gómez

Quizás por eso, este felino gris-canela representa mucho más que una especie en riesgo: encarna una naturaleza aún poco comprendida.

Aun así, cumple un rol clave como especie bandera. En palabras de Castro: “La zona central de Chile es uno de los 35 puntos calientes de biodiversidad del mundo. El gato colocolo interactúa con todas las especies endémicas del país, con el sapito de Cantillana, con las flores… si protegemos al gato colocolo, protegemos todos los endemismos de Chile”.

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