La gente de la tierra donde las piedras hablan

El pueblo Tastil de Argentina conserva desde hace generaciones una visión del mundo única. Un clima hostil entre casas de adobe puede ser la tormenta definitiva.|

Es fácil imaginar a una Marcelina niña, aburrida de pastorear la hacienda. Lleva el rebaño a las ruinas de Santa Rosa. El pelo atado, campera de color, tal vez. Frío el aire, fuerte el viento. Caminando entre los muros del lugar donde las piedras hablan, Tastil. Las cabras saltan y voltean las pircas. Juegos de niños.

¿Y a quién le importan unas estructuras de piedra en medio de la puna salteña, restos de un pasado indígena que se esfuma?

Cuando la UNESCO declaró al Qhapaq Ñan Patrimonio de la Humanidad, incluyó a las culturas que viven a la vera del camino. Ese patrimonio vivo son las comunidades originarias; personas que quieren vivir mejor, que quieren mantener sus formas de vida de siempre.

Y las contradicciones acaban de arrancar. 

¿Cómo mantener una cultura ancestral entre tanta vulnerabilidad social, con la crisis climática de telón de fondo?

Marcelina Zalazar es tastil: del pueblo indígena y del paraje del mismo nombre, Santa Rosa de Tastil, en Salta, Argentina. Su padre fue el primer cuidador de sus ruinas, el poblado preincaico más grande del país. Ella tomó la posta: con 48 años es la presidenta de la Unidad de Gestión Local (UGL) y trabaja en el museo del sitio.

Es un legado que uno lo siente, lo vive y que no se puede soltar fácilmente. Desde el fondo de mi corazón…

Para llegar a Tastil hay que hacer 109 km desde Salta Capital, pasando por la Quebrada del Toro. Tierra árida de cardones, cerros y valles, donde la Pachamama reina con puño de hierro. Un lugar de fríos extremos, soles ardientes y vientos que voltean al hombre con caballo. Los Andes ven este mundo desde arriba. 

La Quebrada del Toro es parte del Qhapaq Ñan, un “monstruo” de patrimonio o un experimento único —depende de a quién le preguntes—, que en Argentina protege 32 sitios arqueológicos, 18 comunidades y tan solo 118 km de un camino de 1500 km que pasa por siete provincias.

Marcelina Zalazar dice que a los chicos de ahora les da vergüenza lo indígena, pero que es un legado que se aprende a amar. “De grande lo ves desde otro punto de vista. Cuando estás seguro de lo que sentís, de dónde naciste. Hoy en día es patrimonio tuyo, patrimonio mío, patrimonio de todo’, como siempre”.

Entre los cerros vive desde hace generaciones el pueblo Tastil, criando sus cabras y cultivando papa andina, haba, maíz caspio. Pero ya no todos viven ahí: como Marcelina, muchos se fueron a la ciudad buscando otra cosa.

Y la gente, la vez que se va, ya no vuelve. Se vienen de visita; tienen sus abuelos, sus bisabuelos, quizás.

No es fácil quedarse cuando afuera están las oportunidades, allá el progreso. El Qhapaq Ñan para Marcelina y tantos otros fue una razón —económica— para volver, pero es mucho más complejo. Para el pueblo Tastil, el camino encarna los dilemas que los atraviesan: la posesión de la tierra, el turismo y a quién beneficia, la minería, su identidad indígena.

Reapropiarse de la cultura Tastil fue tanto un proceso legal como identitario. Esteban Vilca, representante del Consejo del Pueblo Tastil en la UGL, encabezó el proceso, charlando con las comunidades sobre su pasado:

No fue difícil porque la gente lo tenía en su esencia de que pertenecía a un pueblo histórico, preincaico, que estuvo acá en estas regiones siempre. Empezaban “No, mi abuelo me dijo…”.  

Paulino es de Capillas, —donde el gaucho perdió el poncho aclara riéndose— un paraje a la vera del camino ancestral, en uno de los pocos tramos que se siguen utilizando en Argentina:

Sí, nuestro’ abuelo’ nos enseñaba cómo cuidar la naturaleza, cómo hacer los rituales de la Pachamama. Y a cuidar la cosa nuestra, donde vivimos. A cuidar lo más pequeño que sea. Y no vender, no nada. Siempre decían: Ustedes tienen que defender; usted tiene que vivir acá.

Cosmovisión, indicador bioclimático: Marcelina cuenta que su padre se subía cada 1 de agosto al cerro, levantaba una piedra y si debajo de la piedra estaba húmeda de rocío, es porque iba a ser un año lluvioso.

Cuando la lluvia arrasa

6 de marzo de 2025. Un video en Facebook muestra una casa de La Quebrada completamente inundada. Está oscuro, un celular ilumina hacia adelante, se escucha el chapoteo de los pasos. En la entrada, un perro mojado mira adentro casi con tristeza. 

Otra imagen, en la mañana. Barro por todos lados. Agua marrón que destroza todo. Objetos arruinados, cosechas que desaparecieron. Ovejas ahogadas al costado.

La Quebrada del Toro se inundó a principios de marzo de 2025. Por lo menos 22 familias perdieron sus viviendas y cosechas, según publicó Cadena 3. El cauce del

río Toro desbordado, bloques de asfalto rotos en la ruta Nacional 51 y aludes que se desprendieron de los cerros. En San Bernardo de la Zorra / Condor Wasi, el río creció en solo 40 minutos, e inundó el paraje: se llevó tres casas y toda la siembra. 

En verano, el agua que arrasa es un desastre repetido en comunidades que no cuentan con los recursos para adaptarse. A más de 100 km, Paulino vio lo mismo suceder en su puesto: 

Sí, se me entró agua a la casa; me tapó lo sembrado, la acequia. Fue un daño más o menos, digamos. Porque el tema de la siembra de la papa, ahí sí que perdí bastante; no coseché buena papa. Pero, bueno, qué va a ser.

Víctor Cruz – UGL, Consejo del Pueblo Tastil – vive en Incahuasi, donde el agua socavó los caminos de tierra y 40 familias quedaron incomunicadas en el territorio.

Por ahí no llueve nada. No estaba lloviendo mucho. Pero cae una tormenta y hace destrozo por sectores, afirma Víctor, quien continúa: Estos años han sido más complicados. Antes eran lluvias, pero no tan desmesuradas como ahora. Caen tormentas de media hora y hacen destrozo todo. Antes no, antes era un continuo; había meses que pasaba lloviznando.

Lluvias desmesuradas en poco tiempo, ausencia todo el resto del año: los locales ya no reconocen las tormentas que golpean la puna. Sus experiencias resuenan en las oficinas estatales del Qhapaq Ñan Salta, donde siguen de cerca las condiciones ambientales que afectan la preservación del camino. Los datos históricos indican que las precipitaciones anuales se mantienen constantes, pero el problema no sería la cantidad, sino la “calidad” o cómo cae la lluvia. 

Promedio de precipitaciones en Santa Rosa de Tastil entre 2015 y fines de 2024.

Ahora o llueve mucho en poco tiempo o no llueve nada. Sequía o inundación, no hay punto medio.

El Pueblo Tastil no es el único que siente la tierra cambiando bajo sus pies. A través de los Andes, comunidades vociferan un ambiente en desequilibrio. La ciencia lo apoya: los Andes es una de las regiones más propensas a los desastres naturales del mundo. La revista Nature publicó un metanálisis que sostiene que inundaciones, sequías, aludes y desbordamientos de glaciares arrasan con la cordillera. Y que el cambio climático antropocéntrico explica en parte estos desastres. 

La columna vertebral de América Latina está cambiando: el mismo artículo conecta con confianza el cambio climático con aumentos de la temperatura en los Andes. Estas condiciones climáticas subóptimas, calores y fríos extremos, son una barrera para la vida y la producción en la puna salteña, explican desde el Programa Qhapaq Ñan Salta. Las comunidades viven en un límite delicado y todo desequilibrio provoca pérdidas de producción y vidas. 

Dice Paulino:

Hay veces que uno siembra su maicito, viene una helada y te lo hiela todo. No hay que esperar nada. Y llega el verano y caen unas piedras, una tormenta de piedra que te deja nada a veces. Es muy jodido ahora. (…) Son cosas de la naturaleza; no podemos poner contra la naturaleza.

Elida Cruz -32 años, especialista en producción animal- es una de las voces más jóvenes del Consejo Tasti, y afirma que el aumento de la temperatura y las sequías que provoca cambiarán para siempre su cultura y formas ancestrales de producción. 

El Qhapaq Ñan no se salva de lo que sucede a su alrededor: las autoridades provinciales y nacionales coinciden en que la crisis climática es uno de los mayores desafíos para su conservación. Aludes, inundaciones y tormentas localizadas pueden destruir la protección de los sitios arqueológicos —como ya sucedió en Salta en 2023—, socavar los caminos y degradar las estructuras. Pero la lista de problemas es larga: vandalismo, sismos, el turismo masivo, la fauna local, la minería. 

Diego Sberna, director de Qhapaq Ñan Salta: La Puna ya no es la Puna. Hoy es una autopista llena de autos para la actividad minera. 

Comunidades indígenas y funcionarios públicos ven cómo la minería se instala en las orillas del Patrimonio Mundial. Para los especialistas, la minería es el segundo mayor desafío para su conservación. Para la gente, la minería es fuente de trabajo, es progreso, se lleva a sus jóvenes y/o es antagonista de su forma de vida.

Contradicciones.

El camino no es solo piedras

El Consejo del Pueblo Tastil cree que solo organizados pueden participar de la gestión del Qhapaq Ñan. El camino es su derecho y exigen estar en el centro de las decisiones.

“Pelean, patalean, defienden”. No siempre se sienten escuchados, pero aun así, utilizan las plataformas a su alcance, como las mismas UGL o la Mesa Federal de los Pueblos Originarios. Victoria Sosa, INAPL y secretaria técnica del Qhapaq Ñan en Argentina, fue quien planteó un modelo de “cogestión” del Qhapaq Ñan que incluye a las comunidades en los procesos de decisión.

No es solo una cuestión de administración y recursos, ya que las comunidades indígenas cumplen un rol fundamental: encarnar una cosmovisión andina que hoy es Patrimonio Cultural Inmaterial. 

Marcelina:

El Qhapaq Ñan está creado para defender nuestras tradiciones, naturalmente. El agua, las plantaciones, y que los chicos del día de mañana crezcan viviendo de esta manera.

La cosmovisión andina —compleja, híbrida, diversa— es una manifestación del patrimonio inmaterial de esta tierra. Festividades y espiritualidades como el Inti Raymi o el culto a la Pachamama; prácticas como el baile del suri, que realiza el Pueblo Tastil para llamar a la lluvia y celebrar la abundancia; conceptos como el buen vivir o su visión de la naturaleza.

Christian Vitry, montañista y arqueólogo, participa del proyecto Qhapaq Ñan desde el día uno. Como otros especialistas, afirma que no solo están trabajando con piedras, sino con gente-patrimonio-vivo. Recuerda las primeras reuniones con las comunidades, llegar con “la carpetita de la UNESCO bajo el brazo”…

Al llegar a Tastil, lo primero que nos dijeron fue: “A ver, todo bien con el patrimonio cultural. Estamos de acuerdo, vivimos acá, el sitio arqueológico lo queremos, lo respetamos. Pero…” y en ese “pero” largaron la lista enorme de cuestiones que no estaban satisfechas. “No tenemos agua, no tenemos luz, no tenemos conectividad, no tenemos, no tenemos, no tenemos”.

Cuestiones de dignidad humana, dice Christian.

El Qhapaq Ñan pasa por algunas de las zonas más vulnerables del país. Los indicadores socioeconómicos están “reflojos”: el noroeste es la segunda región con mayores niveles de pobreza de Argentina y el 41,2% de las personas viven en la pobreza en Salta capital, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.

Está bien que estemos trabajando en patrimonio, pero no es que el patrimonio sea más importante que la gente, argumenta Victoria.

¿Nos importa nuestro patrimonio?

Lo que no se nombra, no existe: es difícil valorar cuando la gran mayoría desconoce su mera existencia; y para Christian, hace falta más que buenos nombres para que los argentinos se apropien de su patrimonio. Pero todo tiene que empezar por algo, y a 11 años de la declaratoria de la UNESCO, Victoria resalta su importancia en un país que no se reconoce como indígena: seis países de América Latina están reconociendo su patrimonio prehispánico. Creo que es una movida política muy contundente.

Popularidad no siempre significa protección: el turismo masivo es nocivo para los sitios arqueológicos, sostiene Victoria. Tampoco lo quiere el Consejo del Pueblo Tastil, que aboga por legislación que los proteja de los de “afuera”, y que garantice que el Qhapaq Ñan beneficie a las comunidades. En palabras de Víctor Cruz, no quieren que la clase pobre termine lavando las sábanas y los baños de los hoteles.

Tener cuidado, formar ordenanzas, algo que nos fortalezca en las comunidades y no se avance. Que las familias sean quien den uso al bien.

Qué valoramos y qué protegemos son discusiones pendientes en Argentina. Aun así, hay valor en el trabajo de quienes protegen el patrimonio en todas sus dimensiones: el camino, la gente, la cultura. Manolo Copa, representante en la Mesa Federal de los Pueblos Originarios y miembro del Consejo del Pueblo Tastil, ve al Qhapaq Ñan como una “herramienta de progreso”: la clave para cuidar su territorio y seguir viviendo en la comunidad.

Este es el lugar donde buscamos vivir, y es el lugar donde vamos a continuar viviendo.

Al fin y al cabo, las comunidades indígenas van a seguir viviendo el Qhapaq Ñan, lo valoremos o no. Dice Paulino: Nosotros somos el camino.

Este proyecto de Historias Sin Fronteras fue desarrollado con el apoyo de InquireFirst, una organización periodística sin fines de lucro en San Diego, California.

Tampoco se puede proteger sin “guita”, y el Gobierno de Javier Milei ha hecho del desmantelamiento del Estado su insignia política. La “motosierra” cortó cabezas en cultura y ambiente. Como un elefante blanco, la estructura federal que se creó para manejar el Qhapaq Ñan es hoy, andamios vacíos. La Unidad de Gestión Federal está en su “mínima expresión” por la falta de financiamiento estatal, según una fuente anónima. Las provincias quedaron prácticamente solas.

Vayamos a los números: El presupuesto del INAPL, la secretaría técnica del Qhapaq Ñan, es de 68.3 millones de pesos argentinos para 2025. Hasta julio, solo se ejecutó el 7,1% del total. Por su parte, el presupuesto nacional para ambiente tuvo una caída del 30,2% solo este año, acorde a la Fundación Ambiente y Recursos Naturales.

La cruzada antiambientalista de Milei: “cambio climático” es mala palabra dentro del gobierno. Una fuente anónima confirma que organismos como Parques Nacionales no pueden hacer referencia al clima. Su anterior administrador, Christian Larsen, hizo referencia a esta denuncia en un tweet de 2024.

La cruzada antiambientalista continúa: “cambio climático” es mala palabra dentro del gobierno. Una fuente anónima confirma que Parques Nacionales —uno de los organismos que maneja el Qhapaq Ñan— no puede hacer referencia al clima. Su anterior administrador, Christian Larsen, hizo referencia a esta denuncia en un tweet de 2024.]

Este proyecto de Historias Sin Fronteras fue desarrollado con el apoyo de InquireFirst, una organización periodística sin fines de lucro en San Diego, California

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