Chile ha incorporado el cambio climático en su agenda pública a través de la ratificación de tratados internacionales y la promulgación de leyes, mientras, en paralelo, enfrenta una intensificación de eventos extremos como incendios forestales, sequías, inundaciones y olas de calor. No por nada es considerado como un país altamente vulnerable a la crisis climática.
En ese escenario, podría esperarse que este fenómeno se haya convertido en un eje central del relato informativo. Sin embargo, un nuevo análisis de la cobertura mediática nacional muestra que la crisis climática sigue siendo tratada más como un telón de fondo ocasional que como un problema estructural que atraviesa nuestra vida cotidiana.
Esas son algunas de las conclusiones del estudio “Entre líneas y encuadres: el cambio climático en la prensa chilena”, elaborado por Climate Tracker América Latina en conjunto con la Universidad de La Frontera.
La investigación, que forma parte del Concurso Fondo de Estudios sobre el Pluralismo en el Sistema Informativo Nacional (2024) de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo de Chile (ANID), examinó 76 piezas periodísticas publicadas por cuatro medios digitales —La Tercera, BioBioChile, El Mostrador y Araucanía Noticias— durante cinco hitos medioambientales clave ocurridos entre 2022 y 2023: la ratificación de Chile del Acuerdo de Escazú, la temporada de incendios forestales y aluviones, la promulgación de la Ley Marco de Cambio Climático y la 27ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27).
El periodo de análisis coincide con el inicio de la administración de Gabriel Boric (2022–2026), que se ha autodefinido como el primer “gobierno ecológico” del país, lo que permite observar cómo ese énfasis político se tradujo —o no— en la agenda y los encuadres mediáticos.
En ese marco, el estudio buscó comprender no solo cuánto se habla de cambio climático, sino cómo se narra: qué voces son convocadas, qué explicaciones se privilegian, qué emociones se movilizan y qué marcos interpretativos terminan configurando el debate público. Todo ello en un contexto donde lo ambiental fue enunciado por el Ejecutivo como una prioridad política, pero cuya centralidad en el relato informativo aparece, al menos, en disputa.
Cambio climático: visible en la política, invisible en los desastres
Uno de los hallazgos centrales del estudio es la asimetría en la mención del cambio climático según el tipo de evento noticioso. Mientras el fenómeno aparece explícitamente en la mayoría de las notas sobre hitos institucionales como la promulgación de la Ley Marco de Cambio Climático o la COP27, su presencia se desploma en la cobertura de desastres.
En el caso de las inundaciones y aluviones en el norte del país, no se registró ninguna mención directa al cambio climático. En los incendios forestales —el evento con mayor volumen de cobertura, superando los 300 casos analizados— solo 24 piezas incorporaron referencias explícitas al cambio climático, pese a su vínculo ampliamente documentado por la ciencia.
El patrón sugiere una cobertura centrada en la emergencia inmediata, la gestión del daño y la respuesta institucional, más que en la contextualización de estos eventos dentro de una crisis socioambiental de largo plazo. En otras palabras, el cambio climático aparece como un tema “de cumbre” o “de ley”, pero no como un marco explicativo cotidiano.
Mucha mención, poca explicación científica
Incluso cuando el cambio climático sí es nombrado, la profundidad explicativa es limitada. Ninguna de las piezas analizadas incluye una definición del fenómeno, y solo el 41% menciona sus causas. De ese subconjunto, apenas el 23% respalda dichas referencias con fuentes científicas.
Los efectos del cambio climático se mencionan con mayor frecuencia, pero suelen cumplir un rol más argumentativo que explicativo. En la cobertura de la COP27, por ejemplo, los impactos se utilizan como insumos retóricos en negociaciones diplomáticas, sin promover necesariamente una comprensión científica del fenómeno.
Así, la ciencia aparece como un recurso instrumental, no como una base estructural del relato periodístico. Este déficit limita la posibilidad de que la ciudadanía entienda el cambio climático actual como un proceso antropogénico, gradual y acumulativo, y refuerza una percepción fragmentada y reactiva.
El predominio de fuentes oficiales y del formato informativo
El estudio también detecta una alta presencia de fuentes institucionales, particularmente del Poder Ejecutivo, con una baja representación de la sociedad civil, comunidades locales y voces científicas diversas. A esto se suma una marcada brecha de género que reduce aún más la pluralidad.
En términos de formatos, el 90% de las piezas corresponde a notas informativas. La opinión es marginal y se concentra exclusivamente en medios nacionales, con una participación muy limitada de autores con afiliación académica. La crisis climática, así, se informa más de lo que se discute o interpreta.
Entre el miedo y la esperanza
El análisis de los encuadres emocionales muestra que el 63,9% de los titulares de las piezas analizadas no presenta encuadre emocional explícito, aunque en el cuerpo de las notas las emociones aparecen con mayor fuerza, especialmente la esperanza (37,7%) y el miedo (29,5%).
Cuando se trata de los incendios forestales predomina el miedo, tanto en titulares como en el cuerpo de texto. En la cobertura de la COP27, en cambio, emerge la esperanza, asociada a acuerdos, promesas y negociaciones internacionales.
Estos resultados sugieren una narrativa en la que el miedo capta la atención ante el peligro presente, mientras que la esperanza y las soluciones se delegan al futuro de los acuerdos internacionales, sin articular ambos planos en un relato integrado que movilice a la acción ciudadana.
Una oportunidad editorial
En conjunto, los hallazgos muestran que la cobertura climática en Chile replica patrones ampliamente documentados a nivel internacional: énfasis en la contingencia, centralidad de la política, menor integración de la ciencia y una narrativa episódica que dificulta la comprensión de la crisis como un proceso estructural y problema sistémico.
Ni siquiera el contexto de un gobierno que se autodefine como “ecológico” logró modificar sustantivamente este enfoque, especialmente en la cobertura de desastres. Esto sugiere que las limitaciones no responden solo a decisiones individuales, sino a condiciones estructurales del sistema mediático, relacionadas con la falta de tiempo, de recursos y de especialización, así como con las líneas editoriales de los medios de comunicación. Esto sin olvidar otros matices indicados por el informe.
El desafío, entonces, es colectivo. Avanzar hacia un periodismo ambiental y climático que explique, conecte y contextualice requiere fortalecer el vínculo entre prensa y academia, diversificar las fuentes, ampliar los formatos y asumir que informar sobre cambio climático no consiste solo en cubrir eventos, sino en construir marcos de comprensión para una crisis que ya está en curso y que atraviesa todos los ámbitos de nuestras vidas.
Esto cobra especial relevancia en un país altamente vulnerable como Chile, pues lo que queda fuera del relato mediático también moldea —y limita— las posibilidades de respuesta.