Era junio de 2024. El mandatario venezolano Nicolás Maduro estaba en medio de su campaña por la reelección presidencial en la ciudad de El Vigía, en Mérida, cuando anunció que allí se instalaría una granja solar –para abastecer de electricidad a un sector de uno de los estados más golpeados por los apagones diarios– con apoyo de China, el gigante asiático que se ha convertido en referencia mundial en sistemas de energías renovables.
El trabajo, que contempla la generación de hasta 50 megavatios a través de 94 mil paneles solares, se haría a través de una alianza de la Gobernación de Mérida, la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) y la empresa china Greenfull, cuya presencia digital bajo ese nombre es prácticamente nula y se remite solo a las notas de prensa que reseñaron el anuncio de la granja venezolana.
Aunque aún no se han obtenido más noticias del avance de la instalación, una de las interrogantes que surge sobre la granja –que será el primer proyecto de una serie con la que se pretende generar 3.000 megavatios de energía solar en los Andes venezolanos– es el papel que cumple en este tipo de planes la Unidad de Energía Renovable Venezuela (Unerven), fundada en 2012 en Punto Fijo, estado Falcón (noroeste), a más de 500 kilómetros de Caracas.
“Considerando las necesidades de electrificación y la gran cantidad de equipos necesarios para alcanzar el acceso universal al servicio eléctrico, los gobiernos de Venezuela y Cuba han acordado la creación de una empresa estatal de fabricación de estos componentes. En este sentido, se adquirió la licencia para fabricación de aerogeneradores Bornay (empresa española) en Venezuela. En cuanto a los paneles solares, la empresa cubana Copextel suministra las celdas solares para su ensamblaje, en módulos solares, en Venezuela. Estas actividades se concentran en una única empresa llamada Unerven, que es filial de Petróleos de Venezuela, S.A (PDVSA) y lleva toda la fabricación nacional de mini aerogeneradores y el ensamblaje de paneles solares fotovoltaicos”. Así reseña el nacimiento de la compañía el libro “Energías renovables en Venezuela: experiencias y lecciones para un futuro sostenible”, del ingeniero electricista, profesor universitario y doctor en Sostenibilidad, Alejandro López González.

Se supone que esta sería la empresa del Estado que se encargaría de proveer al país de paneles solares para que tuviese lugar la transición energética en la que, de acuerdo con expertos consultados como la presidenta del Consejo Venezolano de Energías Renovables, Ariadne Serrano, la nación tiene más de una década de atraso con respecto al resto de América Latina. Pero su propósito inicial parece hoy desdibujado.
Juan Carlos Rojas, ingeniero mecánico y profesor de la Universidad de los Andes (ULA) en Mérida, recordó que entre los años 2010 y 2013, se instalaron paneles solares y aerogeneradores de baja potencia en su estado. Parte de estos fueron ensamblados por Unerven en comunidades remotas a través del programa “Sembrando luz”, de la Fundación para el Desarrollo de la Energía Eléctrica (Fundelec).
“En su momento promocionaban, con mucha fuerza, la idea de ensamblar para abastecer a Venezuela, lo cual me pareció acertado (…) La idea de ensamblar es como se debe comenzar, porque producir ya es más complejo, requiere más dominio de la tecnología”, apuntó.
Pero luego de esos años, en medio del aumento de la escasez de productos, la inflación y la crisis socioeconómica que todavía azota a Venezuela, la producción de Unerven disminuyó hasta paralizarse por completo. Nunca hubo un comunicado que explicara ese cierre.
“Entró en decadencia en 2015, 2016, pues ya no estaba cumpliendo la función para la que fue concebida, que era tener al servicio de Venezuela módulos fotovoltaicos y molinos de viento de pequeña potencia para incluso comercializar internamente, dentro del mercado nacional. Entró en un letargo”, resumió el ingeniero, quien acotó que todos los proyectos vinculados con esa producción también quedaron en suspenso, como la intención de seguir energizando zonas rurales por medio de Fundelec.
En medio de la clausura y el silencio, tampoco se supo qué sucedió con el personal que estuvo allí. Dos de los rostros más visibles de la empresa: el gerente general, Ramón Vilchez, y el gerente de Comercialización, Edixon González, migraron –tal como lo han hecho más de 7,8 millones de venezolanos, según la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V)– en 2017 a Perú y años después trabajaron juntos en la empresa Ecosolares, dedicada a la venta de equipos e instalación de sistemas de energía renovables y autosustentables. Ninguno de los dos accedió a ser entrevistado para este reportaje.

Resurgimiento en pandemia
En marzo de 2022, Unerven abrió de nuevo sus puertas. La noticia se conoció durante una alocución de Maduro en la televisión pública, cuando hizo un pase a la ciudad de Punto Fijo –donde está la compañía– con el gobernador de Falcón, Víctor Clark, y con el entonces ministro de Energía Eléctrica, Néstor Reverol, quienes tras quitarse sus tapabocas aseguraron que ese estado sería el primero en tener “energía renovable, eficiente, limpia” y se convertiría en un modelo para el país. Casi tres años después, lo único que se ha logrado en ese territorio es que el Parque Eólico Paraguaná, un complejo de 76 aerogeneradores de electricidad cuya piedra fundacional se puso en 2006, funcione a medias.
Aunque no se detalló el porqué, esta nueva etapa de Unerven tiene una administración diferente. En lugar de depender de Pdvsa Industrial, está bajo las riendas de Corpoelec Industrial, que también pasó a administrar a Vietven Iluminaciones, la fábrica de bombillos LED que se abrió en 2012 tras un acuerdo con Vietnam y que antiguamente era regida por la industria petrolera venezolana.
El mismo Reverol afirmó en esa alocución que Unerven había cerrado en 2016 por el “bloqueo criminal del imperio”, frase con la que se refirió a las sanciones impuestas (negación de visados, confiscación y congelación de bienes, prohibición de transacciones, embargos de armas), desde Estados Unidos –y que a partir de 2019 comenzaron a aplicar la Unión Europea, Reino Unido, Suiza, Canadá, Panamá y otros países latinoamericanos– a cientos de funcionarios y particulares vinculados al gobierno de Nicolás Maduro.
Pero hay quienes dudan de que esa haya sido la verdadera razón del parón. “Los convenios de Unerven nunca fueron con Estados Unidos. Unerven tiene una transferencia tecnológica con España, con la empresa Bornay (…) Y, que yo sepa, España no le ha impuesto ese tipo de sanciones a Venezuela”, explicó López González.
El también investigador y profesor universitario señaló que, aunque hay algunos “componentes” de los productos de Unerven que son estadounidenses, las palas se “consiguen en cualquier parte del mundo”.
“Son derivados de la industria petroquímica y lo que hay que hacer son moldes. Los alternadores, que son generadores eléctricos para los aerogeneradores, y las baterías, se consiguen en cualquier parte, en China, en Rusia (aliados económicos de Venezuela)”, justificó. Por eso, para López González, la excusa de las “sanciones” no es válida.
“Si analizamos históricamente el momento, el empuje para cerrar Unerven fue porque se vio que un negocio lícito podría ser, más que fabricar paneles en Venezuela, importarlos en grandes cantidades desde países aliados en Asia”, destacó. Para el investigador, la inactividad de la compañía permitió que se afianzaran convenios con países como China e India en materia energética.
Por su parte, Rojas aseveró que entre las razones por las cuales Unerven no ha avanzado está la falta de financiamiento para mantener los programas de ensamblaje y compra de insumos, e incluso el tener que depender de tecnologías provenientes de Rusia, Irán y China, en lugar de probar también con las de Estados Unidos o Europa.
“Yo creo que una de las fallas de Unerven, o de estas empresas estatales, es que cuando la política es lo preponderante, lo técnico pasa a un segundo plano y termina, entonces, con empresas que a mediano y largo plazo no tienen éxito, porque lo político lo termina destruyendo en razón de que no se gestiona como debe ser técnicamente”, opinó el profesor e investigador de la ULA.
Agregó que los recursos humanos formados en energías limpias son escasos y por eso falta personal calificado, incluso en los más altos cargos gerenciales. “Estamos hablando de ingenieros en energía solar, por ejemplo, ingenieros en hidráulica, ingenieros en geotérmica, ingenieros en eficiencia energética. No tenemos ese personal porque en las universidades venezolanas no hay ese tipo de formación especializada, porque nos hemos especializado más en petróleo y gas, en hidrocarburos”, dijo.
Energía opaca
El plan de reactivar Unerven ya estaba contemplado en la “Actualización de la Contribución Nacionalmente Determinada de la República Bolivariana de Venezuela para la lucha contra el Cambio Climático y sus efectos”, que se presentó en 2021 bajo la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático y el Acuerdo de París (AP). En ese documento, el Estado se comprometió a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 20% para 2030, y una de las acciones para lograrlo es “un plan de actualización, modernización y puesta en funcionamiento que permita a la empresa Unerven rediseñar y mejorar los procesos de producción para los paneles solares a fin de incrementar la eficiencia”.
Sin embargo, los procesos de fabricación de paneles solares que muestra la compañía, así como el ensamblaje de los aerogeneradores, son prácticamente manuales. Los videos que se han promocionado a través de la cuenta en Instagram de Corpoelec Industrial dan cuenta de estos procedimientos en grandes galpones solitarios y con escaso personal.
Un mes después de la reactivación de la empresa, el exministro Reverol confirmó la entrega de 1.600 herramientas e implementos de trabajo “a la fuerza trabajadora de la Gerencia General de Fuentes Alternas Uso Responsable y Eficiente de la Energía de Corpoelec”. En ese acto, también reveló que Unerven tenía más de 10 mil paneles solares “destinados a fortalecer el sistema de telecomunicaciones” de la industria eléctrica. Desde entonces, nada se ha conocido sobre la producción de la compañía.
A pesar de que en sus aniversarios 10 y 11 aparecieron videos que conmemoraron la creación de Unerven, en ninguno se mencionó la cifra de productos elaborados, vendidos e instalados desde 2022. Ni siquiera lo comentó la viceministra de Nuevas Fuentes y Uso Racional de la Energía Eléctrica, Tania Masea, en un mensaje de felicitación que identificó algunos de los puntos en donde funcionan los sistemas de la empresa sin aportar ningún logro cuantitativo.
Las Memorias y Cuentas del Ministerio de Energía Eléctrica (informes anuales de cada cartera del Ejecutivo nacional) dejaron de publicarse en 2016, lo que hace imposible que se pueda verificar y cotejar el comportamiento de la empresa.
Para Rojas, seguir la pista de Unerven a lo largo de los años, o de cualquier otra iniciativa vinculada a las energías renovables, ha sido complejo. “No hay informes oficiales, solo informaciones en redes sociales y algunas instrucciones del gobernador, pero cuando uno va a buscar información publicada en artículos, en revistas, en libros, no hay nada de eso. Entonces, son más informaciones publicitarias que informaciones técnicas”, subrayó el profesor universitario.
China siempre
Según Serrano, la producción de Unerven es muy pequeña para los ambiciosos planes de las granjas solares que se instalarán en Mérida.
“La tecnología la vamos a tener que importar, con los chinos es muy difícil competir. China sigue siendo el proveedor mundial, no solo para nosotros, sino para el resto de la humanidad. Quizás esos paneles que estamos haciendo nosotros aquí, que son para escalas más pequeñas, (sirven) para todos estos proyectos rurales, fronterizos, donde necesitas paneles pequeños, que no tienen que ser tan eficientes porque necesitas que sean simples, de sencillo mantenimiento (…) Siempre hay como un mercado para todo”, reflexionó.
Los competitivos precios de la industria china también tienen un pero. Rojas afirmó que, si bien los equipos son más baratos que los estadounidenses o los europeos, se producen grandes emisiones de CO2 al momento de transportarlos y dejan una huella de carbono que se debe considerar. “Son costos ocultos ambientales que están allí, que no se ven, pero quien conoce sobre el tema, sí los ve”.
Para el académico, Unerven debe retomar su idea original de dar respuesta a las necesidades del mercado interno, generar empleo, e incluso ofrecer subvenciones para que estas tecnologías, que en Venezuela son usadas por una élite, sean accesibles para quienes quieran llevarlas a sus residencias. “Si nos vamos a un mercado mundial de carbono, es decir, comercio, mercado voluntario de emisiones de carbono, esa empresa sería muy potente”, aseguró Rojas, quien no descartó que más adelante pueda tener un impacto positivo en América del Sur por la posición estratégica del país en el continente.